Muralla de Segovia

Muralla de Segovia

muralla de segovia

La Muralla de Segovia ya existían cuando Alfonso VI de Castilla arrebató la ciudad a los árabes. Mandó ampliarla, llegando a tener un perímetro de 3 kilómetros, ochenta torres, cinco puertas y varios portillos. Su construcción se realizó principalmente con sillares de granito, aunque también se reutilizaron lápidas de la necrópolis romana.

La muralla recorre el casco antiguo, y en la actualidad conserva tres puertas: San Cebrián, Santiago,  y San Andrés. Esta última era puerta de acceso a la judería. Conserva también  los portillos del Consuelo, de San Juan, del Sol y de la Luna. La pérdida del valor defensivo de la muralla durante el siglo XVI influyó en el urbanismo de la ciudad, pues se construyeron viviendas adosadas a la misma e incluso sobre ella.
A partir del siglo XVII, las puertas y sus labores de portazgo se abandonaron. La muralla perdió entonces su valor defensivo, simbólico  y territorial. Durante el siglo XIX la muralla es considerada ya como un estorbo urbanístico y su demolición sirvió en algunos casos como pretexto para disminuir el paro obrero. En el siglo XX trae un cambio de mentalidad y con él, la necesidad de conservar y valorar la muralla se hace patente. Comienza entonces una continua labor de restauración y conservación que llega a nuestros días.
En 1941, toda parte vieja de la ciudad comprendida dentro del antiguo recinto amurallado es declarado Conjunto Histórico Artístico.
 Construcción y materiales La muralla de Segovia está ejecutada mediante técnicas tradicionales: mampostería ordinaria, en otros, con tapial de piedra con encofrados de madera y en otras zonas en el encofrado formado directamente por una fila de mampostería correctamente trabada. La argamasa es cal y arena, arena de baja calidad con un alto contenido de magras y limos, motivo por el cual, observamos que predomina el color rojizo.

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